Un paseíto por Nueva Zelanda

Llegó la hora de dejarles un nuevo testimonio para enriquecer sus ánimos de emigrar. En esta oportunidad les traemos la experiencia de una joven argentina de 23 años, Micaela, que tuvo el valor para ser una trotamundos por un año con una Working Holiday Visa. Si bien sabemos que para los españoles este tipo de visas no se conceden, la experiencia en su totalidad es lo que nos sirve para conocer una parte de los que nos espera si decidimos aventurarnos. En esta oportunidad verán parte del testimonio, con la maravillosa experiencia de arriesgarse a tomar un nuevo rumbo y vivir momentos completamente inolvidables. En el próximo artículo nos centraremos en los trabajos que pueden conseguir estando en Nueva Zelanda. A disfrutar!

“Cómo empieza una Working Holiday Visa? Se empieza por un deseo de viajar que corre por la sangre y llega a cada partícula de tu ser, luego por buscar lugares donde poder ir, qué hacer en ellos y cómo ir a ellos. Mi destino, NZ, donde las aplicaciones para la visa son online. Sólo mil visas que se van en minutos, como gotas de lluvia en campo de kiwis, contestar miles de preguntas mientras la página de internet se traba, se tilda, viendo cómo los segundos corren y cómo se van yendo las visas. Luego de minutos completar el formulario, llegar a la parte de pagar por ella 140 dólares kiwis, que el pago dé aceptado…. Sííííííí, volver a respirar de manera correcta, al ver en la pantalla: “su pago ha sido aceptado, ha obtenido su permiso de visa, por favor mande los estudios necesarios para dar por aprobada la visa en su totalidad”. Esas palabras son la gloria. Luego ir al médico, sacarte una placa de tórax para eliminar la posibilidad de tener tuberculosis (porque la Argentina no está libre de ella), mandar todos los papeles y esperar por la confirmación. Al llegar la confirmación es como poder respirar en el espacio sin que a uno le pase nada…luego con pasajes en mano, la despedida en el aeropuerto con la familia, es una mezcla de emociones que no tiene descripción, alegría porque uno va a perseguir sus sueños, tristeza porque todo lo que ama lo deja y no hay una vuelta atrás. Ya en el avión las emociones se vuelven más locas, el viaje se hace largo y corto a la vez. Pero al llegar a destino ya está, una locura empieza… al principio es duro porque se extrañan muchas cosas, desde amigos, familia, costumbres latinas. Pero el tiempo pasa y cada día es una sorpresa, una locura de vida que en tu propio país jamás lo vivirías, donde personas que conoces en segundos se vuelven amigos de por vida, y personas que conoces hace semanas se vuelven familia. Donde el amor es intenso pero corto, aunque a veces podés llegar a encontrar a ese loco o loca que te dé vuelta el mundo y de un día para el otro con una persona que ni conoces comienzas a convivir y compartir todo. Hay muchas cosas que pueden pasar después de eso, empezar una relación que dure de por vida o por años, o la otra opción, llega un punto que cada uno tiene que seguir su camino, se agradece todo lo vivido, compartido y aprendido, para seguir uno con la vida del viajero backpaker. Así se aprende mucho, se gana mucho, y también se puede sufrir un poco, pero es algo a lo que los viajeros está sentado que en algún punto van a vivir. Cada día se vuelve una aventura y cada segundo una historia de vida. Los días se hacen cortos y más largos a la vez, porque una semana parece un mes y un día una semana, uno pierde la noción del tiempo, porque viví todo segundo a segundo y a la velocidad de la luz. Y cuando es hora de volver, como me pasa a mí, es cuando uno cae que está a miles de kilómetros de su propio país, que viaja por el mundo sin ningún tipo de frontera y límites, que toda tu vida está en una simple mochila que cargas en tu espalda. No tienes nada más que eso, pero sí un millón de historias y aventuras que no las cambias ni por todos los millones del mundo. Volver a tu país te das cuenta que se hace más duro que cuando saliste de él, la libertad de poder agarrar tu mochila e irte sin destino a alguna parte se pierde y empieza de nuevo la rutina. También te das cuenta por primera vez que has cambiado tanto que no sabes si te van a reconocer, solo ves que todo lo que amabas sigue estando ahí, en el mismo lugar, estático, y sin casi cambios. Pero vos sí cambiaste, volver es como una pesadilla y un sueño, no hay como explicar ese sentimiento, y cada vez que pienso en la partida el estómago se me revuelve como gaviotas al ver comida, y las lágrimas estallan como tormenta en primavera. Pero como todo lo que empieza debe terminar para dar paso a otra aventura, uno respira profundo y sigue, obviamente siempre viendo la posibilidad de otro viaje, otro destino, otras aventuras y culturas. Porque si pudiste hacerlo una vez, quien dice que dos, tres o cuatro veces más, o todas las que se puedan. Porque la mejor universidad del mundo es viajar.”

 

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